La artritis no es una sola enfermedad, sino un término general que se refiere a la inflamación de las articulaciones. En términos simples, es cuando la "bisagra" de tu cuerpo (donde se unen dos huesos) se hincha, duele y se vuelve difícil de mover.
Existen más de 100 tipos, pero los dos más comunes funcionan de manera muy distinta:
Es el tipo más frecuente. Imagina que las articulaciones tienen una almohadilla protectora llamada cartílago. Con el tiempo o por lesiones, ese cartílago se desgasta.
Qué pasa: Los huesos terminan rozando directamente uno contra otro.
Causas: Envejecimiento, sobrepeso o uso excesivo (lesiones deportivas).
Sensación: Dolor que empeora después de hacer ejercicio o al final del día.
Aquí es donde entra el sistema inmunitario (similar a lo que hablábamos con las alergias, pero atacando al propio cuerpo).
Qué pasa: Tus defensas atacan el revestimiento de las articulaciones (membrana sinovial).
Causas: Es una enfermedad autoinmune; el cuerpo se confunde y ataca sus propios tejidos.
Sensación: Rigidez extrema por la mañana (que dura más de una hora) y suele afectar a las mismas articulaciones en ambos lados del cuerpo (por ejemplo, ambas muñecas).
Independientemente del tipo, la artritis suele presentar:
Dolor constante o intermitente.
Rigidez (dificultad para doblar o estirar la articulación).
Hinchazón y, a veces, enrojecimiento.
Disminución del rango de movimiento (notas que ya no puedes girar el cuello o cerrar el puño como antes).
La clave suele estar en la articulación. Si el dolor está justo en la unión de los huesos y se siente "profundo" o viene acompañado de calor en la zona, es muy probable que sea articular.
La artritis suele ser crónica, por lo que el objetivo médico es reducir el dolor y mantener la movilidad mediante fisioterapia, medicamentos antiinflamatorios o, en casos muy avanzados, cirugía. Pero antes de llegar a ese extremo, busca alternativas saludable como cambio en el Estilo de vida, dieta....porque es mejor prevenir.....